IV Centenario de la Parroquia
Santas Úrsula y Susana

Descubramos en primer lugar la que fuera ermita origen del actual templo en el que se venera a la sagrada imagen. Bien sabido es que la basílica de las Angustias tuvo su origen en la antigua ermita de las Santas Úrsula y Susana, que figurando como aneja a la parroquia de San Matías cuando se erigió en 1501, estaba enclavada en la zona conocida como de las Tinajerías. Estaba frente a las huertas del convento de Santa Cruz, en el Humilladero de San Sebastián.

En la ermita era donde se rendía culto al famoso cuadro de Francisco Chacón, maestro de la pintura protegido por la reina Isabel, en el que se representaba, traspasado su corazón de pena, la Virgen de las Angustias, a la que profesaba gran devoción la Católica. El cuadro, actualmente en el museo de Bellas Artes, estuvo en un primer momento en la iglesia de San Juan de los Reyes, para la que fue donado. Seguidamente pasó a la ermita de las Santas, dando origen a la actual hermandad de la Patrona.

El Hospital de la Virgen

No podemos dejar de conocer, aunque hoy muy afectado, el que fuera el hospital de la cofradía. Fue el incremento de la devoción por la imagen pintada por Chacón en el cuadro, la que dio lugar al nacimiento de la Hermandad de la Virgen de las Angustias en 1545, congregación a la que Felipe II concediera pocos años más tarde, en 1567, terrenos para la construcción de un hospital. No llegando éste a erigirse en un principio, se alzó en su lugar, una pequeña iglesia que se terminó en 1585, de la que aún se conserva, la construcción correspondiente a la actual sacristía de la actual basílica, de muy buena hechura. No obstante, el otrora famoso hospital de mujeres auspiciado por el emperador Felipe II, se ejecutaría más tarde. Fue inaugurado casi un siglo después, en 1664, y de él, en el entorno basilical se conserva prácticamente íntegra su construcción —entíendase su planta—. De lo existente, la pieza más memorable es la portada de entrada, en la que luce un vistoso escudo heráldico.

La Basílica

En 1603 el arzobispo Pedro Vaca de Castro mandó erigir la iglesia de las Angustias como aneja de la parroquia de la Magdalena. Más tarde, en 1610, aparecerá como parroquia independiente, según figura en el Archivo de la Catedral, «por el gran número de devotos del que gozaba la Santísima Virgen». Esta fue la razón por la que se comenzó la construcción del actual templo, más grande y rico que el anterior. De su construcción se encargaría Juan Luis Ortega, que la tuvo concluida en 1617. Y en ella, su fachada, diferente a la actual pues estaba adornada y pintada en estuco, sus dos altas torres achapiteladas en el siglo XVIII, su portada principal realizada en piedra de Sierra Elvira por Manuel de Cárdenas y Juan Durán, la imagen en piedra de la dolorosa, salida del taller de Bernardo Francisco de Mora y su hijo José del año 1665, y su más que exitoso interior, encuadrado en el barroco tardío o si se quiere en el churrigueresco, principalmente el programa iconográfico y el altar mayor de Marcos Fernández Raya, conforman un templo bello, rico, singular y ante todo, digno de la Patrona de Granada. Un templo que de ermita e iglesia, pasó a ser basílica menor en 1913, tras la coronación de la imagen titular el 20 de septiembre de aquel año, en la Puerta Real, en el corazón mismo de Granada.

Vida en piedra

En el actual entorno basilical, varios elementos son especialmente memorables, aunque de ordinario pasan desapercibidos, al menos alguno de ellos. El primero es el San Cecilio de Risueño. Situado en la hornacina que adorna la portada de acceso a la sacristía. En ella al contraste con la luz del día aparece, mudo, silueteado en el cielo, testigo impávido del tiempo, la imagen en piedra del caparrón de Granada, el santo mártir sacromontano.

Siglos atrás presidía por la antigua portada del Colegio Eclesiástico de San Fernando, en la calle de los Oficios, siendo traído hasta aquí cuando este fue derribado. La imagen es una de las mejores que pueden observarse, sin duda, en la ciudad. Es un puro detalle y una obra maestra, digna del maestro que la realizó.

En segundo lugar habremos del crucificado de Navas Parejo. Para ello centraremos nuestra atención en la portada lateral del templo basilical, obra de Alonso Landeras y Simón de Cárdenas, que descubriremos cegada por el patio de la Sacristía. A principios del siglo XX fue habilitada como capilla y altar devocional y en ella ubicado el popular Cristo de las Angustias, obra en piedra del maestro de Álora. Una imagen que recibe, día tras día, la visita de miles de fieles, pues dícese muy milagroso. Prueba de ello son sin duda los cientos de lamparillas, que permanentemente encendidas, preceden la escultura.

Lo que ya no es

De un entorno como el de la basílica de las Angustias son muchas las cosas que pueden decirse. No sólo de lo presente, sino también de lo que existió y ya sólo es recuerdo. La cruz del Humilladero, la fuente de las Angustias derribada por los franceses en 1810, la acequia gorda descubierta, el río Darro oxigenado al aire de Granada, el antiguo altar de madera del templo hoy en Santa María de la Alhambra, el antiguo camarín –el actual como relataba en el suplemento especial del año pasado es obra posterior al incendio del verano de 1916–, las mil y una cosas y las mil y una historias que engalanaron o distinguieron su barrio, así como los personajes que en el nacieron y que hoyaron las calles aledañas y las baldosas de la parroquial. Pero entre todo deseo desempolvar del desván de la historia, tres populares elementos de aquel otro barrio de la Patrona ya desaparecido.

Como antes hicimos al hilo de otros elementos, vamos con el primero. La cruz de jaspe verde del año 1638, que existió en la placeta de la Iglesia, delante de la portada principal de la basílica, que desapareció a principios del siglo XIX. De ella, que estaba cercada por una alta reja y que era muy querida en el barrio, se cuentan algunas leyendas y tradiciones, bellísimas, y que tal vez el año que viene relate.

El segundo el desaparecido puente de Polo, del que se conserva buena memoria, dado que el destino quiso que desapareciera definitivamente del panorama callejero no hace mucho, en 1939, con ocasión del cubrimiento del último tramo del río Darro, entre el puente de Castañeda y la desembocadura. El puente de Polo o de la Virgen era el último de los urbanos sobre el río. Estaba situado exactamente a espaldas de la basílica, uniendo ésta con su barrio y el Matadero, entre las calles XXX y Nueva de la Virgen. Era de fábrica elegante en la distancia. Tosco en la proximidad. De piedra de cantería y cantos rodados. Con arco de medio punto y pretil ligeramente apuntado en su parte central. Pero más que nada un puente popular y querido por los parroquianos de las Angustias.

Y finalmente, el Rastro; viejo caserón desaparecido definitivamente en la década de los años setenta del pasado siglo XX, a pesar de haber sido uno de los principales edificios de Granada. Peculiar depósito para el matadero, original recinto para fiestas de toros y lugar del que salieron los jóvenes salvadores de la Patrona en el incendio de 1916, fue construido en 1612 y dotado de destacables elementos como la portada de Cristóbal y Diego de Vílchez. En él se alojaba el ganado traído para sacrificio, y aunque su mayor parte fue derribada realmente a principios del siglo XX, sus últimos vestigios sucumbieron para dejar paso al edificio rosa de Galerías Preciados (hoy Corte Inglés), inaugurado el 25 de abril de 1974.

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De Cesar Girón_Redacción Ideal Digital/Especial Virgen de las Angustias

 

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