Ministros Extraordinarios de la Comunión

El que se encargue a los laicos la distribución de la Comunión no es una novedad absoluta. Hasta el s. VIII hay testimonios de que los laicos recibían, a veces, la misión de llevar la Eucaristía a enfermos y encarcelados que no habían podido acudir a la celebración de la comunidad. En 1.972, Pablo VI estableció que los acólitos instituidos, que podían se laicos, fuesen ministros extraordinarios permanentes de la Comunión. En 1.973, la Sagrada Congregación para los Sacramentos publicaba la instrucción Inmensae Caritatis en la que se establecían motivos, modalidades y competencias que se les podia confiar.

Se trata de un servicio importante a la comunidad cristiana que ha de ser desempeñado con responsabilidad y dignidad. Por tanto,el candidato a ministro extraordinario de la Comunión:

- Ha de ser fiel bautizado y confirmado.

- Debe distinguirse por su vida cristiana, su fe y sus buenas costumbres.

- Ha de ofrecer suficiente garantía y, por eso, conviene elegirle de entre los que ya han demostrado seriedad y constancia en su compromiso cristiano por el trabajo, en otras formas de apostolado como la catequesis, la animación litúrgica, etc.

 

 

- La misma instrucción Inmensae Caritatis advierte que no se elija para tal oficio a uno cuya designación pueda causar sorpresa a los fieles.

- ...Debe distinguirse por una profunda piedad litúrgica y por la devoción y respeto al Sacramento del Altar. La eucaristía debe ser el centro de su vida cristiana...

 

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